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Título: Cruentos policiacos

Autor: Rafael Barajas, El Fisgón

Editorial: Grijalbo

Colección:

Edición:

Año: 1998

Páginas: 127 p.p.

Tiraje: 6000 ejemplares

Cuarta de forros

Las ficciones del Fisgón son ajustes de cuentas, desquites animales que nos reembolsan un poco de la humanidad perdida, vindicaciones, pago de facturas pendientes, lecciones dolosas y dolorosas, escarmientos merecidos, muy merecidos: “a cabrón: cabrón y medio”, afirma en uno de sus cuentos más cabrones y medio. Si alguna similitud tienen con hechos y personas reales es mera fatalidad. Si alguna otra tienen con las pesadillas que nos acosan no es fortuito: el autor se ha preocupado por incluirnos como personajes-cómplices de sus invenciones.

En “El Miki maus” convive el roto con su descosida: a cada Bunsen que acecha a las Borgias creadas por su calenturienta imaginación, le corresponde una Lucrecia que sabe tomar revanchas a la medida...

En “Sangre azteca” las venas de hooligan que a todos nos transitan en el cuerpo nos convierten en asesinos potenciales...

El que llora al último chilla peor: en “Dulce venganza”, la ley del Talión de Justina y Pedro Luis llega al empalagoso grado de tener que saborearla post mortem... 

Ladrón que roba a eminencia gris, tiene el perdón del Fis: en “El encabezado”, la “mamona inmamable” y su señor padre (¿dónde los hemos conocido?) nos vuelven a poner del lado del miserable ladronzuelo...

En “No leas esta historia”: somos las víctimas finales de su ficción, las piezas que compiten en sus Escaleras y serpientes sin tener la oportunidad de echar los dados sobre el tablero.

Como lectores, Rafael Barajas nos ha ayudado a curarnos en salud: con sus cuentos hemos sido vengados y hemos ejercido nuestras capacidades vengativas. Ha logrado también hacernos leales lectores. Y sobre todo cómplices, en el más gozoso de la palabra.

Francisco Hinojosa

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