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Título: Una encantadora molestia

Autor: Marta Guerrero González

Editorial: Diana

Colección:

Edición: Primera edición

Año: 1990

Páginas: 211 p.p.

Tiraje: 3000 ejemplares

Cuarta de forros

 La parcela protestante de la cultura occidental ha venido creando desde el siglo XIX productos tan diversos como la economía de mercado, la higiene y ese divertimiento narrativo llamado thriller (el género estremecedor). Es en este último campo en el que María Guerrero, escritora mexicana de varia, católica y fértil curiosidad, ha decidido penetrar con un arrojo sólo equiparable al de la heroína de su historia.

Ya en los años treinta, Dashiell Hammett se había encargado de dotar a esta novela de acción, intriga y aventuras, de su legítima carga simbólica y de inobjetable respetabilidad literaria. Textos como El halcón maltés o Cosecha roja son intensos, divertidos, intrigantes, inverosímiles y, de algún extraño modo, son profundamente verdaderos. No importa que el detective sea demasiado duro, demasiado astuto o demasiado activo sexualmente. Tampoco importa si la trama tiene que ceder a las simetrías o simplificaciones de la adivinanza a el gambito de ajedrez.

 La llamada literatura de la serie negra, con toda su galería de detectives y criminales, adquiere su eficacia y su verdad mediante la explicitación de ciertas pasiones profundamente humanas (ambición, lujuria, deseo, cobardía, astucia, entereza) que han adquirido en el mundo moderno (el mundo americanizado) una intensidad y una crudeza desusadas en cualquier otro momento de la historia. Ignorante o sabedora de todo esto, viene Marta Guerrero y se pone a escribir Una encantadora molestia como quien retoma la película que estaba viendo, o como quien cumple en las páginas un intenso destino que quizá la realidad le ha escamoteado. A fin de cuentas lo que a nosotros lectores nos importa es si el resultado es legible y divertido. Ella ya ha terminado de escribir: la heroína ya ha llevado a buen o mal término su aventura.

 Nos toca a nosotros ahora ponernos a leer y ganarnos o perdernos en el misterio. Adelante.

Germán Dehesa

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